Quedan cosas sin hablar
y quedarán
así por siempre,
porque el sabor de la
incertidumbre
es un poco amargo
y grato.
Es una sensación doble
de gozo-dolor,
un agridulce,
que algunos paladares
gustan
saborear.
Es una incertidumbre detenida,
en la orilla de los labios,
en el fulgor de la mirada
furtiva,
en la puntita de los dedos,
en el quiebre de la cintura,
en el suave roce al paso,
en la cadencia del baile,
es una incertidumbre que a ratos
nos sabe a certezas,
que se esfuman con el viento,
que corre entre nosotros,
cuando hacemos el intento de olvidarnos.
1 comentario:
Y a veces, por más que se intenta... el olvido nunca llega.
Saludos
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