
12 nov 2012
CMS con su anillo gigante
en la mano izquierda (¿casado?),
me sonrió desde la mesa
que estaba en mi campo de visión,
así que era inevitable mirarlo.
Pero no tenía que corresponderle ¿Cierto?
Decidí ignorar a cualquier
“sonrisitas” que se apareciera
de nuevo por aquí,
al menos por un tiempo.
Alto, delgado, curioso,
se acercó y preguntó
cualquier bobada,
no pude más que saludar
y sonreír también.
Parece no importarle
el letrero de “no molestar”
en mi frente.
Toma mi mano
y agua tibia recorre mi brazo,
me suelto antes de sentirme invadida,
lo miro a los ojos sospechando,
me mira como si nada extraño hubiera sucedido
pero me guiña el ojo,
como si hubiera hecho alguna travesura.
Acerca su rostro al mío,
para decirme casi en mi nariz
Ahorita nos vemos…
No atino a articular palabras ni gestos.
Tal vez ni a mi misma
me interesa mantener
la actitud de
“¡Ash! ¡Odio a los pitufos!”
Sobre todo si hay una buena
razón para abortar la misión.
CMS con su anillo gigante
en la mano izquierda (¿casado?),
me sonrió desde la mesa
que estaba en mi campo de visión,
así que era inevitable mirarlo.
Pero no tenía que corresponderle ¿Cierto?
Decidí ignorar a cualquier
“sonrisitas” que se apareciera
de nuevo por aquí,
al menos por un tiempo.
Alto, delgado, curioso,
se acercó y preguntó
cualquier bobada,
no pude más que saludar
y sonreír también.
Parece no importarle
el letrero de “no molestar”
en mi frente.
Toma mi mano
y agua tibia recorre mi brazo,
me suelto antes de sentirme invadida,
lo miro a los ojos sospechando,
me mira como si nada extraño hubiera sucedido
pero me guiña el ojo,
como si hubiera hecho alguna travesura.
Acerca su rostro al mío,
para decirme casi en mi nariz
Ahorita nos vemos…
No atino a articular palabras ni gestos.
Tal vez ni a mi misma
me interesa mantener
la actitud de
“¡Ash! ¡Odio a los pitufos!”
Sobre todo si hay una buena
razón para abortar la misión.

